Iguazú

Iguazú

Tantas veces había escuchado la palabra Iguazú que con solo escucharla me trasladaba a un lugar extraordinario.

En la asociación ciclista de la ciudad brasileña  Foz de Iguaçu me consiguieron un pase gratuito para visitar las cataratas, y de no haber sido así no sé si las hubiera visitado. A lo largo de muchos años viajando unas de las muchas cosas que he aprendido es que los mejores lugares no tienen precio, aunque es cierto que siempre hay excepciones.

Algunos se refieren a ellas como una de las “7 maravillas de la naturaleza”, algo que encuentro ridículo e imposible. Cómo entre tantos y tan diversos  lugares que hay en nuestro planeta alguien sea capaz de comparar y elegir los 7 mejores. No solo lo encuentro irrisorio, sino absurdo.

Salí de madrugada para intentar llegar el primero y también evitar las horas más calurosas, pero no sabía que la hora había cambiado respecto a Paraguay y cuando llegué me encontré con hordas de turistas que esperaban al autobús que les llevaría a los miradores. Mi bicicleta y yo, ella cargada con todas las alforjas, para así después  poder pedalear y cruzar directamente a Argentina y no tener que esperar, y, gracias a eso pude llegar de los primeros.

La carretera dentro del parque transitaba paralela al río y aunque su espesa vegetación no me permitía ver nada, el ruido atronador del agua y los muchos helicópteros que volaban  la zona  me hacía presentir que detrás de tanto árbol había algo fantástico y admirable.

Al encontrarme frente a ellas vi que su soberbia  belleza no se la daba  el gran volumen de agua que se abría camino como un océano entre acantilados, mirase a donde mirase había saltos de agua abriéndose camino y desparramándose con furor entre la tierra y las rocas con un ruido atronador, sentí un estremecimiento y me vi contemplando un dibujo hiperrealista, por su acabado sumamente minucioso y perfecto, que consiguió dejarme extasiado.

Ninguna de las fotos o postales que había visto del lugar hacían justicia al prodigio que se manifestaba  ante mí.

La naturaleza se había esforzado, una vez más, en regalarme otro espectáculo maravilloso.

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…y una vez más había llegado a lomos de mi bicicleta…

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