Gente honrada (y maravillosa)

Gente honrada (y maravillosa)

Tenía que regresar a España y estaba buscando a alguien con el que pudiera dejar la bicicleta y las alforjas. Hablé con Guilherme, un amigo brasileño y antiguo compañero de colegio en Bruselas  que, por suerte para mí, aunque el viviera en Sao Paulo, tenía un amigo que vivía en Salvador de Bahía que  disponía de una casa lo suficientemente grande como para que yo pudiese dejar mis pertenencias sin  causarle grandes molestias.

En una mochila aparte (la azul) metí todo lo que me llevaría a España: ordenador, disco duro, cámara, objetivos, etc.

Todo.

Paré a un taxista fuera del puerto donde estábamos amarrados. Bill me ayudó a llevar mis cosas hasta el taxi  y una vez me despedí con pena de mi capitán, me dirigí  hasta la casa de Marcelo (el amigo de mi amigo) el que se encargaría de mi bici y las alforjas por una temporada  y desde  allí tendría que buscar otro taxi para que me llevase directamente al aeropuerto.

En la mochila azul que me iba a traer a España yo había guardado dos sobres  de 200 gramos de jamón ibérico que no llegamos a comernos en el barco, no sé por qué motivo, y antes de llevármelo de vuelta a España se lo quería regalar a Marcelo.

Marcelo me estaba esperando en la puerta de su casa cuando llegué. Él junto con el taxista me ayudaron a bajar las cosas. Pagué la carrera y pasamos al garaje para acomodar todas mis cosas en una esquina del garaje.

Cuando terminamos, Marcelo me invitó a pasar a la casa y  en el momento en el que yo quise darle los paquetes de jamón  fue cuando me di cuenta que la mochila que tenía que viajar conmigo a España no estaba; pensé que habíamos puesto todo en el maletero del taxi, pero la mochila estaba en el asiento de atrás, y se me había olvidado bajarla.

Salí corriendo a la calle en estado de shock y empecé a correr sin rumbo tratando de encontrar a aquel taxista por las bulliciosas calles de Salvador de Bahía donde ya era de noche.

Me di cuenta que me sería imposible. Paré de correr. Me encontraba desolado y comprobé que la suerte, en esta ocasión, me había esquivado. Había perdido todas mis cosas de valor.

Vi una farmacia y entré a comprar un cepillo y pasta de dientes.

Volví completamente abatido a casa de Marcelo para despedirme y para llamar a otro taxi para, ahora sí, que me llevase al aeropuerto. Solo llevaba conmigo el cepillo, la pasta de dientes y el pasaporte en mi bolsillo. Esta vez no tendría problemas de exceso de equipaje.

Llegué a Madrid sin nada. En el aeropuerto me convertí en un hombre sospechoso que llegaba desde Brasil sin nada de equipaje y con cara de pocos amigos.

A los dos días, Marcelo me mandó un mensaje acompañado de una foto desde Brasil diciéndome que el taxista había regresado a su casa  para entregarle la mochila y que estaba tal como yo la había dejado:  “con todos mis bienes”.

Marcelo le pidió su número de teléfono para que yo me pusiese en contacto con él cuando regresara a Brasil y le diese las gracias personalmente.

No pudo ser, porque a Marcelo le secuestraron una semana antes de mi regreso a Salvador y le robaron todo, desde el coche hasta su teléfono con todos sus contactos.

Antes de partir de Salvador, ya sobre la bicicleta, pasé por el mismo lugar donde aquel día paré al taxista. Pregunté por él a sus colegas, pero no pude localizarle, y con pesadumbre tuve que seguir mi camino sin poder darle las gracias personalmente.

¡Gracias!

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2 thoughts on “Gente honrada (y maravillosa)

  1. En unas pocas líneas se encuentra lo mejor y lo peor del ser humano.
    Cuídate

    Nota: no le robaron la mochila azul?

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