El tren bala (Versión Congo)

El tren bala (Versión Congo)

Al igual que un empleado que llega tarde a coger el tren para ir a trabajar, nervioso empecé a empujar la bicicleta hacia la estación.

Me imaginaba la escena en la que por unos minutos llegaba tarde y veía el tren alejarse.

Con más entusiasmo que nunca empujaba la bicicleta por el camino de piedras con la rueda deshinchada .Parecía que se me fuera la vida en ello pero me fascinaba la idea de montarme en ese tren.

Llegué al pueblo de la estación y pregunté si ya había pasado el tren a unas personas que estaban sentadas bajo la sombra de un árbol.

Nadie sabía responderme y me parecía muy raro porque el paso de un tren por ese pueblo debía ser el evento del año.

Iba preguntando de persona a persona.Al igual que cuando pregunto por direcciones formulo la pregunta para que la respuesta no sea un sí o un no.

Si preguntas, ¿el tren se ha ido ya? Seguramente te responderán que sí.

Si preguntas , ¿es por ese camino? La respuesta será seguramente  sí.

La pregunta ha de ser, ¿cuál es el camino? Y la respuesta aunque seguramente sea si, eliminas cualquier duda o incertidumbre a la hora de tomar una decisión.

Vi a un hombre  al otro lado de la calle en lo que parecía ser la única tienda del pueblo. Me tranquilizó diciendo que el tren no había llegado aún pero estaba a punto de hacerlo.

Me llevó hasta la estación y me pidió  dinero por  ahora ser mi amigo.

En la estación había un grupo de mujeres con unos taburetes vendiendo cacahuetes, plátanos y por supuesto fufu de mañoca.

Una hora más tarde seguía esperando al tren a pesar de que habían pasada más de cuatro horas desde que lo había visto y escuchado entrando en la estación anterior ,a tan solo 12km de distancia.

Muy a lo lejos se podía sentir la vibración sobre las vías y aunque era en línea recta no podía ver aun ningún tren a lo lejos.

Pude finalmente escuchar el tren avisando de la entrada en la estación.

La gente cruzaba las vías sin parecer importarles la llegada del tre, al igual que unas cabras no dejaban de pastar las hierbas que rodeaban la estación.

No parecían tenerle ningún temor a esa mole ruidosa de acero que se acercaba más lento que la velocidad de una persona que camina con muletas.

Llegó a los arcenes y la gente se bajaba de los vagones con el tren todavía en marcha.

Me dirigí al maquinista para explicarle mi problema a ver si existiera la posibilidad de subir mi bicicleta en el tren.

Por supuesto no había ningún problema. Aunque hubiera sido un tractor hubieran encontrado la manera de hacerlo.

En el último vagón iban un hombre y dos de sus mujeres junto a sus bebes acostados sobre sacos de harina de mañoca…

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La bici entraba perfectamente, y una vez colocada me fui a comer mi plato de fufu de mañoca antes de partir.

No había terminado el plato cuando  el tren arrancó y rápidamente saqué dinero para pagar sin poder terminarme el plato. De entre tanta gente yo era el único que parecía tener prisa.

El tren estaba avanzando para descolgar los vagones ya que tenía que volver a la estación anterior para recoger la otra mitad, que los habían descolgado debido a que la locomotora no tenía potencia  suficiente para llevar todos a la vez.

Calculaba que si tardaba el mismo tiempo en hacer el mismo trayecto serían mínimo 6 horas las que tendría que esperar hasta que volviera para engancharnos y continuar hacia la próxima estación.

Preguntaba  a la gente y todos decían que no, que mucho más rápido. No debía preocuparme. En una hora como mucho.

No estaba muy equivocado cuando el tren apareció con el resto de vagones justo al atardecer, 7 horas más tarde.

Se estaba haciendo de noche y mi mejor opción era dormir en ese vagón con la esperanza de por la mañana haber alcanzado  mi destino,Lubudi, a 45km de distancia.

La locomotora descolgó los vagones y se fueron a reparar “algo” a “nosedonde” . Volverían como mucho en un par de horas.

Me metí en el vagón y me rocié de repelente de mosquitos ya que aquello estaba plagado.  El zumbido de todos ellos juntos era ensordecedor y tenían una predisposición a volar muy cerca de la oreja.

Busqué un hueco al final del conteiner entre dos sacos de harina de mañoca y saqué mi saco sabana…

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No tardé mucho en dormirme. Casi el mismo tiempo en levantarme con el llanto de los bebes.

Me despertaba cada poco tiempo con la esperanza de encontrarnos ya en movimiento, pero amaneció y ahí seguíamos varados en la misma estación.

En la estación  se escuchaba música y gritos de gente borracha.

Era la primera vez que veía electricidad en más de un mes, que pertenecía a la red ferroviaria.

Finalmente un ajetreo me despertó al engancharnos  la locomotora que ya estaba, por fin, de regreso.

La mitad de los vagones se quedaban ahí, lo que significaba que en algún momento tocaría volver a por ellos.

Arrancamos a una velocidad tan lenta que podría haber tenido una conversación tranquilamente con un peatón.

Tenía curiosidad de ver la velocidad que llevábamos y encendí el GPS. 3 km/h

Aun así, calculaba que en las 12 horas que quedaban de sol  podríamos alcanzar mi destino.

Dentro del conteiner junto a Jean y sus dos mujeres, estaba Laurent, un hombre que iba al funeral de su hermana y llevaba de travesía más de una semana en la que había recorrido tan solo 80km de los 200km que le separaban del pueblo de su difunta hermana.

Dos horas más tarde, tuvimos que dar media vuelta ya que venía un tren en la otra dirección y solo había una vía. Tuvimos que deshacer los 6 km que tanto nos había costado recorrer.

Y vuelta a empezar.

Ahora ya parecíamos avanzar. En los llanos alcanzábamos una velocidad considerable de 20 o 30 km por hora, que con el estado de las vías parecía que íbamos a descarrilar en cualquier momento.

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En aquellos tramos que había algo de pendiente, volvíamos a los 3 km/h.

En las subidas podía estirar la mano y tocar las ramas de los árboles como entretenimiento.

De repente el tren comenzaba a ir marcha atrás.

Se había ido la luz y  por gravedad descendíamos de nuevo.

La primera vez la luz se fue solo una hora, la segunda vez fueron un par de horas, y nos refugiamos todos los hombres en la sombra de la selva durante las horas más calurosas, ya que el vagón era un auténtico horno…

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Las mujeres y los niños se quedaban dentro.

En las horas compartiendo aquel vagón conocí historias interesantes, que bien muestran y resumen fácilmente muchas cosas que llevaba viendo en el país.

Laurent que se dirigía  al funeral de su hermana llevaba metido en ese tren más de una semana.Parecía tranquilo.El tiempo no era un factor por el que merecía la pena perder los nervios.No tenía otra opción.Eso era parte de sus vidas.En total calculaba tardar unas tres semanas en llegar a su destino.

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Era un hombre culto perteneciente a los Testigos de Jehová. Tenía un amplio conocimiento de lo que pasa en el mundo. Un hombre bondadoso y de corazón enorme.

Tenía una sola mujer y tres hijos. Según decía ,si hubiera tenido más no podría haberle dado a todos las mismas oportunidades.

Luego estaba Jean. Viajaba con sus dos mujeres y 3 de sus 6 hijos. La primera mujer le había “dado” cinco hijos de los cuales tres eran trillizos. La segunda solo un varón.

Mencionaba delante de todos a su mujer favorita por haberle “dado” más hijos.

Ella, su primera mujer, no vacilaba en tirarme los trastos y decirme que me amaba. Que la llevara a Europa. Que se había enamorado de mí.

“Je t´aime”

Lo decía tan en serio que parecía broma.

Yo no sabía que contestar. El marido se reía pero parecía algo molesto.

Cuando llegaran le iba a dar una buena paliza me comentó  Jean.

-¿Pero la vas a pegar? ¿En serio? ¿A tu mujer? ¿A la madre de tus hijos?

-Por supuesto. A veces no sabe comportarse.

-En mi país pensamos a aquellos que pegan a las mujeres son unos cobardes y lo peor de la sociedad,-dije en tono ofendido, a lo cual Laurent que estaba escuchando toda la conversación se puso de mi lado y me comentó “que los Testigos de Jehová excomulgan a aquellos que pegan a sus mujeres”

Jean en vez de ofenderse se lo tomaba a risa. Desde luego él no lo veía como algo cobarde, sino como algo normal.

Eran ya las 4 de la tarde .Llevaba  29 horas metido en el tren y habíamos recorrido tan solo 27km.

El tren paró en una pequeña estación donde decenas de mujeres tenían montados sus puestos de comida.

Con que supieran que el tren estaba en la estación anterior les daba tiempo a preparar cualquier cosa. Podrían haber preparado un cocido dejando los garbanzos en remojo toda la noche y aun así el tren todavía no habría llegado.

Decidí bajarme ahí ya que el tren ahora tenía que volver a por el resto de vagones.

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¡No te vayas, quédate!-me decían otros viajero.- Ahora va a ir mucho más rápido. En un par de horas está de vuelta y esta noche llegamos a Lubudi

Por supuesto que no les hice caso.

Me despedí de Laurent con un fuerte abrazo y me miró con pena.

La idea de recorrer el mundo solo y sobre una bicicleta era algo que hasta ahora nadie alcanzaba a entender los motivos.

Pero yo me sentía en ese momento la persona más afortunada del mundo.

Un borracho agresivamente intentó atracarme  en el pueblo, pero varios pasajeros, que ya eran mis amigos, salieron en  mi defensa, especialmente la primera mujer de Jean, que se puso a gritar y dar palmadas al aire en modo recriminando y enzarzándose con el atracador.

Decidí sacar la cinta americana y forrar la cubierta de la bicicleta e irme lo más rápido posible  para recorrer los siguientes 28km.Esperaba que el borracho no se hiciera con una moto y fuera a mi encuentro por los inhóspitos y solitarios caminos.

Tenía menos de 3 horas de luz y muchas ganas de llegar.

Sobre la bicicleta me sentía pletórico.La vegetación era espesa y el color de la tierra roja.Seguía en el Congo.

Con el viento que preceden las tormentas comenzó a refrescar y con las primeras gotas me impregné del olor de la tierra húmeda.

Caían rayos y el estruendo retumbaba detrás de los árboles y el agua convertía el camino en una pista resbaladiza.Aquello sería una barrera para cualquier camión.Con esas pendientes y los acantilados ningún camión se atrevería a pasar por ahí.Pero nunca se sabe.Estamos en el Congo y aquí la gente esta acostumbrada a encontrar soluciones.Y al parecer siempre hay una.

Pero como más tarde me comentaron, tendrían que esperar hasta que llegara de nuevo la temporada seca.

Y yo llegué a Lubudi bien entrada la noche.

Me tome el siguiente día de descanso y el tren todavía no había llegado.

 

 

10 thoughts on “El tren bala (Versión Congo)

  1. Mi rio por no llorar….si tuviera q decir cual es la mayor diferencia que encuentro entre “esos” mundos y “el nuestro”, es sin duda el valor y concepto de tiempo…
    “Todo” a nuestra disposicion y siempre nos falta tiempo…aqui es la limitacion, que dirige, acorrala y angustia nuestras “cortas” vidas…
    Gracias otra vez, Kbiki, por devolvernos a la realidad de nuestro mundo por transportarnos a otro tan distinto.
    Estamos contigo!! Y antes de que ese tren llegue a su destino, me tendras pedaleando a tu vera!

  2. Como dice UnAdan, poco a poco te debes estar acostumbrando a esa otra velocidad que tiene la gente de Africa, porque si tuviese que pasar tantas horas en un tren para recorrer tan pocos kms. me daría algo.
    Un abrazo y suerte.

  3. Gracias por relatarnos tu día a día por aquellas tierras. Desde la comodidad que nos proporciona el lugar donde nacimos, nos das un auténtico baño de realidad. La normalidad en la que nos desenvolvemos por aquí, es autentica excepción en muchos lugares de la tierra, y tu nos lo muestras a “porta gayola” . Reitero mi agradecimiento, te deseo toda la suerte del mundo allá donde estés, te trasladado mi admiración y envidia sana, y te envío mucho ánimo

  4. Hola Javier, me crucé con tu historia a mi paso por Kigali este verano. Fue bastante gracioso porque una chica alemana que conocí me contó como se quedó en el piso de unos chicos y tuvo que dormir en… una tienda de campaña. Nos hizo mucha gracia y le estuvimos sacando punta durante un rato.

    Me siguió contando anécdotas sobre ellos y todo muy bien. Al día siguiente la vuelvo a ver y me cuenta que ha pasado otro viajero por la casa de estos chicos y agárrate bien… se montó su propia tienda de campaña!!!

    Eran dos hermanas alemanas encantadoras, que vinieron totalmente emocionadas después de haberte conocido y haber desayunado contigo. Me dijeron:
    -Hemos conocido a un chico madrileño, como tú, está dando la vuelta al mundo en bicicleta… me contaron bastantes cosas de tu paso por el Congo, y al igual que ellas no pude hacer otra cosa más que alucinar.

    Es una pena que no te pudiera conocer, pero ya cuentas con un nuevo fan!

    Tu historia me emocionó mucho, me pareció muy bonita y me dio mucha esperanza.

    Te doy las gracias, la enhorabuena y te mando muchos ánimos ya desde Madrid!!!

  5. Que pasa Javi!!
    Genial historia, como todas las que publicas.
    Mucho ánimo y sigue contándonos tus aventuras.

    Un abrazo
    Yuste

  6. Me gusta mucho como escribes . Me reído mucho viajando en ese tren , retrocediendo dos siglos por lo menos. Me admira tu capacidad de adaptación , tan grande como la de los pasajeros del tren. Para cuando el siguiente capítulo?, estoy deseando leerle .
    Abrazos

  7. Siempre sostuve que ‘el tempo’ africano es de otro mundo. Ahora tu nos lo reafirmas. Bonita experiencia.
    Un abrazo.

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