El majestuoso río Congo

El majestuoso río Congo

En el último momento antes de partir se subió a la precaria canoa una madre junto a su hija…

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A Suleiman parecía no costarle mantener el equilibrio,no como yo que casi acabo en el agua mientras subía las alforjas y la bicicleta.

En la orilla a penas se veía movimiento.Tan solo una pequeña base naval donde unos militares veían pasar el día a la vez que el agua del río, y unas cuantas piraguas varadas en las raíces de un árbol gigante que hacía de puerto.

No quedaban muchas horas de luz y una densa nube negra se aproximaba por el oeste adelantando las horas oscuras antes de anochecer, aunque todavía fueran las 3 de la tarde.

Se podía distinguir el pueblo de Kwamouth al otro lado del río,en la RDC(República Democrática del Congo), por el reflejo de los techos de chapa. Nos separaban algo menos de 10km,y aunque hubiera preferido llegar a la RDC con  plena luz del día, con menos luz sería mas difícil que en inmigración se dieran cuenta que la fecha de mi visado había sido modificada.

Junto con Nigeria era uno de los países que más he temido,aunque esta vez me esperaban más de 2000 km por uno de los países menos desarrollados,corruptos,peligrosos y con las peores carreteras del mundo.

Suleiman insistía que en menos de 2 horas cruzaríamos el río Congo, pero las horas en África se miden de diferente manera. Raras veces tienen tan solo 60 minutos.

Conmigo  llevaba una sensación incomoda de miedo,respeto e ilusión, que crecía a medida que avanzábamos contra corriente por la zona pegada a la orilla del río, evitando las fuertes corrientes del centro del río.Pero esos nervios pasaron pronto a ser felicidad…

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Mientras veía las nubes cada vez más cerca  no paraba de achicar el agua que por algún agujero se hacia hueco en la canoa.No solo la inundaba sino empapaba mis alforjas que con tanto agujero dejaron de ser impermeables hace tiempo.

Llegado el momento Suleiman viró la piragua hacia el centro del río, enfrentándose ahora a la fuerte corriente que nos hacían retroceder, cruzando ahora en diagonal.

Remaba con mas fuerza que nunca pero no dejábamos de retroceder a la vez que cada vez estábamos más cerca de la otra orilla.

La anchura del río en esta zona supera con creces los 5 kilómetros,que no es mucho comparado con su tramo más ancho de 35km de orilla a orilla.

Ahora en el mismísimo centro del río Congo sin vegetación que tapara las vistas, la desafiantes nubes negras estaban cada vez más cerca…

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Los primeros vientos frescos anunciando las lluvias llegaron junto a unas olas más grandes.Daba la sensación que la canoa iba a volcar en cualquier momento  pero Suleiman emanaba tranquilidad y hacía que mantener de esa forma el equilibrio pareciera fácil, aunque yo no hubiera aguantado de pie ni un solo segundo.

Una vez alcanzada la otra orilla la luz era tan escasa como las probabilidades de que no lloviera, y se veía mucho más movimiento , con varios pescadores recogiendo sus redes a la vez que remaban de pie…

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Y se puso a llover como nunca antes había visto.

El impacto de las gotas en el agua hacia que lloviera tanto de arriba como de abajo, y los fuertes vientos que preceden a la lluvia desaparecieron por completo,siendo ahora el único ruido el impacto de la lluvia sobre la madera de la canoa y el agua de la superficie del río.

Miraba a mi alrededor y  podía ver casas de barro con  canoas aparcadas en la orilla, niños gritando y chapoteando en el agua,pescadores recogiendo sus redes  ,el torrente de agua que caía del cielo, ya casi era de noche, y encontrarme cruzando el majestuoso río Congo en esas condiciones no hacia más que aumentar las expectativas de lo que sería mi estancia en el país.

Suleiman parecía muy tranquilo manteniendo la canoa a flote sin mostrar signo de cansancio después de casi 3 horas de travesía.

Se escuchaba el ajetreo de un ballenero, que es como llaman aquí a los barcos fluviales que navegan por los más de 13.000km navegables que tiene la RDC…

El tramo más famoso navegable es el que une Kinshasa con Kisangani,relatado maravillosamente por Conrad en su Corazón de las tinieblas.

El puerto del pueblo portuario de Kwamouth no era más que una pequeña playa de barro, donde ahora estaban atracados varios balleneros con cientos de pasajeros y la canoa de Suleiman,que me ayudaba a bajar las alforjas y la bicicleta, mientras un hombre uniformado me estaba exigiendo ya el pasaporte.

Para mi sorpresa  era de inmigración y le habían informado de mi llegada. Un chico joven y amable.

Por su perfil delgado supuse que no era un rango alto,ya que en la burocracia africana uno parece ascender de posición a la vez que el diámetro de la barriga.

Me guió hasta la caseta de inmigración por las caóticas, oscuras y ruidosas calles, que al revés que en el otro Congo, ahora estaban repletas de gente y de vida.

Lo mejor de llegar a un lugar  de noche es que te permite llegar por primera vez dos veces.La de la noche y cuando te levantas por la mañana y lo ves con la luz del día.

La que hacía de caseta de inmigración era ahora también el  refugio durante la lluvia para los pasajeros de los numerosos balleneros.Familias enteras con muchos niños. ¡Muchísimos!

Esta es una de las muchas paradas en sus  varios meses de viaje para llegar a sus destinos.

Más tardé me daría cuenta de por qué el río es el transporte favorito en este país.

Al no haber electricidad en el pueblo( y en  todo el país) me tranquilizaba ya que a la hora de ojear minuciosamente mi pasaporte  sería bajo la tímida luz de una vela y no de una potente bombilla ,haciendo más difícil que se dieran cuenta que el visado estaba falsificado…

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Todo parecía fácil y rápido e incluso pensé ,inocente de mi,que al día siguiente podría hacer los primeros kilómetros en el país.

No pude rechazar la invitación de quedarme a dormir en la humilde caseta que aunque no fuera el lugar más tranquilo,estaba  seco y era tranquilo.

A la mañana siguiente me dijeron que la persona encargada de sellar y autorizar mi entrada, el mismísimo jefe de inmigración, estaba de vacaciones en Kinshasa y no volvería hasta “puede que la próxima semana” .Había dado ordenes de retener mi pasaporte hasta su llegada.

Me armé de paciencia y calma cuando por un momento supuse lo peor.No tenía más opción que esperar.Regresar al otro Congo era imposible ya que había salido ilegalmente,y bajar por el río hasta Kinshasa sin la entrada regularizada era algo impensable.

Me surgió algo de desesperación. No quería volver a quedarme al igual que en Nigeria atrapado en un lado de la frontera durante largas e interminables semanas.

Kwamouth no era el pueblo más agradable de todos pero en la misión católica me recibió con los brazos abiertos el cura, que al igual que yo había vivido unos años en Bélgica.

Su situación geográfica, donde el río Kasai se encuentra con el río Congo,lo convertía en un importante punto estratégico, ya que todos los barcos que salen desde Kinshasa hacia distintos lugares del país tienen que pasar por Kwamouth,siendo un lugar ideal para las autoridades  desplomar a sus ciudadanos.

En un par de ocasiones intenté visitar la playa del río,un lugar lleno de vida donde pescadores y mujeres lavando  ropa se hacen  hueco en las aguas turbias del río.Las dos veces que lo hice unos militares de ojos ensangrentados y con aliento a alcohol me pidieron la documentación, la cual no tenía.Empezaban los problemas en la RDC.

Prefería quedarme tranquilamente en la misión católica leyendo mis libros y charlando con el sacerdote sobre corrupción y los problemas de África, y por las noches cuando un blanco se camufla mejor en mitad de la oscuridad salía a visitar a las numerosas familias que el cura de la parroquia me había presentado, y por supuesto no pude escaparme del estricto protocolo de  presentarme y pedir autorización al jefe del pueblo, que no sin antes mostrar alguna muestra de disconformidad dio el visto bueno.

Estaba atónito de los peligros del viaje.

“Aquí en el Congo no hay peligro.Este es un país muy tranquilo y pacifico, pero el resto de países…”

11 thoughts on “El majestuoso río Congo

  1. El resto de los países existen otros cargos que están agazapados, camuflados y con piel de camaleón esperando darte el “bocado”.
    Un fuerte abrazo y enhorabuena por el relato.

  2. Debe de ser uno de mis próximos destinos. Tu relato, como siempre, magnífico.
    ¡Más experiencias para la mochila!.
    [Al finalizar (si tienes ganas y tiempo), no olvides enviarme un correo con algunos detalles o precauciones para un mochilero como yo. Te lo agradecería].

  3. Los pelos de punta se me han puesto mientras te leía. Tienes un valor y una fortaleza a prueba de bombas. ¡ Qué maravilla de río ! Gracias por mostrarlo. Suerte.

  4. ¡Increíble relato!
    Como se dice por estos lares, a eso se le llama ir por la vida con tres…
    Te deseo la mejor de las suertes.

  5. Un placer descubrir y leer este relato “vivo” que vienes contando y retratando maravillosamente. Mucho ánimo y enhorabuena por dignificar de esta forma la vida 🙂

  6. Te voy siguiendo en silencio, pero ahora que has entrado en la RDCongo quiero decirte que me he sentido más cerca de ti.
    No, no conozco esta zona del Congo, ni voy en bicicleta. Hace seis años visité los Kivus y me quedé “enganchada”. Regreso en otoño, con visos de quedarme un tiempo y así poder conocer una parte más de este grandioso país.
    Gracias por tus relatos africanos.

  7. Me gusta la relación que estableces entre el rango del funcionario africano y el diámetro de la barriga. Aquí pasa algo parecido, sobre todo con los políticos; a mayor rango mayor tripa, la mano más larga, la bolsa más llena y la honradez más escasa. No somos tan distintos. Un fuerte abrazo.

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